Erwin Rommel: El Zorro del Desierto entre la Gloria y la Tragedia
Un Héroe en Tiempos Oscuros
La historia de la Segunda Guerra Mundial está llena de figuras controvertidas, pero pocas generan tanta fascinación como Erwin Rommel, el legendario Zorro del Desierto. Su nombre evoca imágenes de tanques avanzando entre las dunas, maniobras audaces y un liderazgo que incluso sus enemigos admiraban. Rommel fue un genio militar cuya habilidad táctica lo convirtió en uno de los generales más respetados de la Wehrmacht, pero también en un hombre atrapado en las contradicciones de un régimen criminal. Su vida es un drama de lealtad, ambición y desilusión, donde la gloria en el campo de batalla chocó con la sombra del nazismo.
Lo que hace a Rommel tan intrigante no son solo sus victorias, sino su ambivalencia moral. A diferencia de otros altos mandos nazis, se le recuerda por su caballerosidad en combate, un rasgo que incluso sus rivales británicos elogiaron. Sin embargo, su relación con Hitler y su conocimiento de los crímenes del régimen siguen siendo temas de debate entre historiadores. ¿Fue Rommel un cómplice silencioso o un soldado que intentó navegar en aguas imposibles? Esta pregunta define su legado.
Este artículo no solo explorará sus campañas militares, sino también los secretos menos conocidos de su vida: su romance prohibido, su enfrentamiento con las SS, y el trágico final que Hitler le impuso. Desde las arenas de África hasta el bosque donde murió, la historia de Rommel es un viaje a través de la grandeza y la miseria humana en tiempos de guerra.
Primeros Años: El Niño que Soñaba con Volar (1891–1914)
Infancia en Heidenheim
Erwin Johannes Eugen Rommel nació el 15 de noviembre de 1891 en Heidenheim an der Brenz, un pueblo del sur de Alemania, en el seno de una familia burguesa. Su padre, profesor de matemáticas, esperaba que siguiera sus pasos, pero el joven Erwin mostraba una mente inquieta y creativa. A los 14 años, construyó un planeador funcional con un amigo, demostrando una pasión por la ingeniería que chocó con los deseos paternos.
Aunque inicialmente se resistió a la carrera militar, en 1910 se alistó en el 124.º Regimiento de Infantería de Wurtemberg. Su ingreso no fue fácil: una hernia inguinal lo obligó a someterse a una cirugía antes de ser aceptado. Sin embargo, una vez en el ejército, destacó por su disciplina y rapidez en los ascensos, llegando a sargento en solo meses. Su vida dio un giro en 1911, cuando conoció en la Escuela de Guerra de Danzig a Lucie Maria Mollin, una joven de familia prusiana con quien mantendría una relación epistolar apasionada hasta su matrimonio en 1916 .
El Joven Oficial
Rommel no era el típico militar prusiano: reservado, abstemio y alejado de la vida nocturna que disfrutaban sus compañeros. Prefería la soledad de los libros y los ejercicios físicos extremos, como escalar montañas con su batallón hasta agotarlos, afirmando que «sudar ahorra sangre» 28. Esta filosofía lo acompañaría toda su vida.
Su primer destino en 1914 lo llevó al frente occidental, donde pronto demostró un instinto táctico excepcional. En una ocasión, con solo tres hombres, emboscó a una patrulla francesa de veinte soldados, matando a la mitad y dispersando al resto sin bajas propias. Por esta acción recibió la Cruz de Hierro de Segunda Clase, la primera de muchas condecoraciones.
La Primera Guerra Mundial: El Nacimiento de un Estratega (1914–1918)
Caporetto: La Hazaña que lo Consagró
El momento decisivo de Rommel en la Gran Guerra llegó en 1917, durante la Batalla de Caporetto en el frente italiano. Al mando de un pequeño pelotón, infiltró las líneas enemigas y capturó 9,000 soldados italianos con solo 150 hombres, aprovechando el terreno y la sorpresa. Esta audacia le valió la Pour le Mérite, la más alta condecoración militar alemana, normalmente reservada a generales 19.
Sus tácticas ya revelaban su sello: movimientos rápidos, ataques por sorpresa y explotación de la confusión enemiga. En una ocasión, al quedarse sin balas, cargó con la bayoneta contra tres soldados franceses, haciéndolos huir. «La infantería debe atacar como un rayo», escribiría años después en su libro La Infantería al Ataque.
El Trauma de la Derrota
La rendición alemana en 1918 lo dejó profundamente desilusionado. Como muchos veteranos, vio el Tratado de Versalles como una humillación injusta. Durante los años de la República de Weimar, se dedicó a entrenar tropas y escribir sobre táctica, evitando la política. Sin embargo, su reputación como instructor riguroso llamó la atención de un hombre que cambiaría su destino: Adolf Hitler.
Ascenso en el Tercer Reich: Entre la Admiración y el Desencanto (1933–1941)
El Encuentro con Hitler
En 1935, durante un desfile militar, Rommel se negó a permitir que las SS se interpusieran entre su batallón y Hitler, considerándolo un insulto a sus hombres. Contra todo pronóstico, el Führer lo felicitó por su firmeza, iniciando una relación compleja.
Hitler quedó impresionado por su libro La Infantería al Ataque y en 1938 lo nombró comandante de su guardia personal. Rommel, aunque no era nazi, admiraba inicialmente al líder que prometía restaurar el orgullo alemán. Esta cercanía le permitió ascender rápidamente, pero también lo expuso a los caprichos del régimen.
La Campaña de Francia y la «División Fantasma»
En 1940, al mando de la 7.ª División Panzer, Rommel demostró su genio durante la invasión de Francia. Avanzó tan rápido que ni el Alto Mando alemán sabía su ubicación, ganándose el apodo de «División Fantasma». Sus tácticas de Blitzkrieg —tanques apoyados por infantería móvil— rompieron la Línea Maginot y llegaron al Canal de la Mancha antes que nadie.
Sin embargo, aquí surgieron las primeras tensiones con Hitler. Rommel criticaba las órdenes inflexibles del Führer, pero su éxito le valió el ascenso a general y un nuevo destino: África del Norte, donde se forjaría su leyenda.
Normandía y la Conspiración contra Hitler (1943–1944)
El Desembarco Aliado y el Error Estratégico
Tras su retirada de África en 1943, Rommel fue enviado a inspeccionar las defensas costeras de Francia, conocidas como el «Muro del Atlántico». Desde el principio, advirtió que las fortificaciones eran insuficientes para detener una invasión aliada. Bajo su supervisión, se colocaron millones de minas, obstáculos antitanque y trampas en las playas, pero sus planes fueron saboteados por disputas internas con otros generales, como Gerd von Rundstedt, quien prefería mantener las reservas alemanas lejos de la costa 47.
Cuando llegó el Día D (6 de junio de 1944), Rommel no estaba presente: había viajado a Alemania para celebrar el cumpleaños de su esposa. Al enterarse del desembarco, regresó de inmediato, pero ya era demasiado tarde. Los aliados habían establecido una cabeza de playa, y la falta de coordinación alemana selló el destino de la batalla.
La Ruptura con Hitler
A medida que la situación empeoraba, Rommel comenzó a criticar abiertamente a Hitler. En una reunión con otros generales, declaró: «Esta guerra es estúpida y brutal. Hitler nos ha llevado al abismo» 12. Su descontento lo acercó a un grupo de conspiradores que planeaban derrocar al régimen, aunque Rommel no apoyaba el asesinato del Führer. Prefería que Hitler fuera arrestado y juzgado.
El Atentado del 20 de Julio y la Caída de Rommel
El 20 de julio de 1944, un grupo de oficiales liderados por Claus von Stauffenberg intentó asesinar a Hitler con una bomba. El complot fracasó, y la Gestapo inició una cacería brutal. Aunque Rommel no participó directamente, su nombre surgió durante los interrogatorios. Uno de los conspiradores, Carl-Heinrich von Stülpnagel, lo implicó bajo tortura.
Hitler, al enterarse, decidió actuar con discreción. Rommel era demasiado popular para ser juzgado públicamente.
Muerte: Un Final Forzado (Octubre de 1944)
La Visita de los Generales de Hitler
El 14 de octubre de 1944, dos generales nazis llegaron a la casa de Rommel en Herrlingen. Le dieron un ultimátum:
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Suicidarse con una cápsula de cianuro, garantizando un funeral de Estado y la seguridad de su familia.
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Ser juzgado por traición, lo que significaría la ejecución y la persecución de su esposa e hijo.
Rommel eligió la primera opción. Antes de partir, le dijo a su hijo Manfred: «En 15 minutos estaré muerto. Hitler me acusa de alta traición».
El Funeral y el Mito Postmortem
Hitler declaró tres días de luto nacional y organizó un funeral con honores militares. Oficialmente, se anunció que Rommel había muerto por las heridas sufridas en Normandía. La verdad no se supo hasta después de la guerra.
Legado: ¿Héroe, Cómplice o Víctima?
El «Mito Rommel»
Tras la guerra, aliados y alemanes occidentales glorificaron a Rommel como un militar «limpio» que no participó en crímenes nazis. Su reputación fue utilizada para rehabilitar a Alemania y facilitar su ingreso en la OTAN 16. Sin embargo, historiadores modernos debaten su papel:
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A favor: Nunca se unió al Partido Nazi, desobedeció órdenes criminales (como ejecutar comandos aliados) y criticó a Hitler.
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En contra: Permaneció leal al régimen hasta tarde, y su conocimiento del Holocausto sigue siendo discutido.
Memoria en la Actualidad
Hoy, Rommel sigue siendo una figura controvertida:
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Calles y bases militares en Alemania llevan su nombre.
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Su bufanda y gafas son exhibidas en museos.
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Su hijo Manfred se convirtió en alcalde de Stuttgart y reconcilió el apellido con la democracia.
Conclusión: Un Hombre en la Encrucijada
Erwin Rommel fue un genio militar atrapado en la maquinaria de un régimen criminal. Su historia es la de un soldado que admiró a Hitler, pero que al final entendió su locura. Ni completamente héroe ni villano, su legado sigue siendo un espejo de las contradicciones de la Alemania nazi.
¿Fue Rommel un mito o un hombre? La respuesta, como su vida, es compleja.