Jul 18, 2025 | Filosofos, Políticos | 0 Comentarios

Cicerón: historia completa del último gran defensor de la República

Hablar de Marco Tulio Cicerón es sumergirse en una de las figuras más fascinantes y polifacéticas de la Roma antigua. Fue orador, filósofo, jurista, político y escritor. Vivió en una época de transición caótica, cuando la República romana agonizaba frente al ascenso del poder personal de los grandes caudillos militares. En este relato, recorreré la historia completa de Cicerón, desde sus humildes orígenes en Arpino hasta su trágico asesinato, pasando por sus obras fundamentales, sus enfrentamientos políticos y su visión filosófica.

Orígenes en Arpino y formación (106–81 a.C.)

Nací en Arpino, una localidad del Lacio, el 3 de enero del año 106 a.C., en el seno de una familia de clase ecuestre. Desde muy joven mi padre fomentó en mí y en mi hermano Quinto el amor por las letras, el estudio del derecho y la filosofía. A pesar de no pertenecer a la aristocracia senatorial, me eduqué en Roma bajo los mejores maestros de retórica, gramática y filosofía.

Estudié con Apolonio Molón, un famoso orador griego, y con Filón de Larisa, quien me introdujo en el estoicismo y el escepticismo académico. También aprendí derecho bajo la tutela de Escévola, uno de los juristas más prestigiosos de la época.

Ascenso como abogado y orador (81–63 a.C.)

Mi carrera pública comenzó en los tribunales. Mi primer gran triunfo fue el caso Pro Roscio Amerino (80 a.C.), donde defendí a un joven acusado injustamente de parricidio. Este proceso me enfrentó indirectamente con los intereses de Sila, el dictador en ejercicio, lo que me obligó a retirarme temporalmente a Grecia para perfeccionar mi oratoria.

Cuando regresé a Roma, inicié una carrera política imparable: cuestor en Sicilia, edil, pretor y finalmente, en el año 63 a.C., fui elegido cónsul, el más alto cargo de la República. Fui el primer hombre nuevo (novus homo) en lograrlo sin tener ascendencia senatorial.

Durante mi consulado, desmantelé la famosa conspiración de Catilina, un intento violento de tomar el poder por la fuerza. Mis Catilinarias, discursos pronunciados en el Senado, se convirtieron en una obra maestra de la retórica política.

Puedes leer más sobre este episodio en National Geographic Historia.

Exilio, regreso y crisis política (62–49 a.C.)

Mis decisiones como cónsul, especialmente la ejecución de los conjurados sin juicio, me ganaron enemigos poderosos. En el año 58 a.C., bajo el tribuno Clodio, fui forzado al exilio. Pasé más de un año fuera de Roma hasta que el Senado aprobó mi regreso gracias a la presión popular.

Al volver, intenté mantenerme al margen del conflicto que se avecinaba entre Julio César y Pompeyo. Aunque simpatizaba con la causa de Pompeyo, mi prioridad siempre fue preservar el sistema republicano. Lamentablemente, la política romana ya estaba dominada por la fuerza de las armas.

Durante este tiempo, me dediqué intensamente a la filosofía, escribiendo obras como De republica, De legibus y De oratore, que exploraban mis ideas sobre el derecho natural, el gobierno y la ética.

Puedes consultar su perfil filosófico en Encyclopaedia Herder – Cicerón.

El asesinato de César y mi enfrentamiento con Marco Antonio (49–43 a.C.)

Tras la victoria de César en la guerra civil, me mantuve en una posición ambigua. No participé en su dictadura, pero tampoco me opuse abiertamente. Sin embargo, cuando César fue asesinado en los idus de marzo del 44 a.C., vi una oportunidad para restaurar la República.

Mi error fue subestimar a Marco Antonio, quien tomó el control tras la muerte de César. Escribí contra él las famosas Filípicas, discursos inspirados en Demóstenes, donde lo acusé de tiranía, corrupción y traición. Mi objetivo era preservar la libertad republicana, pero mis palabras sellaron mi destino.

Cuando se formó el Segundo Triunvirato (Octavio, Lépido y Marco Antonio), fui incluido en la lista de proscritos. En diciembre del 43 a.C., fui asesinado por soldados de Marco Antonio. Me cortaron la cabeza y las manos, que fueron expuestas en el foro romano como advertencia.

Obra filosófica y legado histórico

Aunque me recuerdan por mis discursos, quizás mi legado más duradero está en la filosofía. En una Roma donde el pensamiento griego era visto como ajeno, yo adapté la filosofía helenística al latín, creando un corpus accesible y reflexivo.

Mis obras más destacadas incluyen:

  • De officiis – sobre los deberes morales.

  • De re publica – modelo ideal de gobierno.

  • De natura deorum – discusión sobre la religión.

  • Laelius de amicitia – tratado sobre la amistad.

  • Tusculanae disputationes – reflexiones sobre la felicidad, el dolor, la muerte y la virtud.

Mis ideas influyeron profundamente en el pensamiento cristiano, el Renacimiento y la Ilustración. Mi defensa de la ley natural, la justicia universal y la oratoria ética inspiró a Santo Tomás, Erasmo, Locke y Jefferson.

Puedes leer más en Alejandra de Argos – Biografía y obras de Cicerón

Conclusión: Cicerón y el fin de la República

Fui el último gran defensor de la República romana. Luché con las palabras cuando otros usaban espadas. Mi vida fue una batalla constante entre la virtud y el pragmatismo, entre la ley y la fuerza.

Aunque no logré detener el fin del régimen republicano, mi voz quedó grabada en la historia como símbolo del valor, la elocuencia y el idealismo político.